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Prólogo a Luis Felipe Noé. Pinturas 1986-1987

Texto vinculado a la exposición Luis Felipe Noé. Pinturas 1986-1987, 1987

No por casualidad un artista como Luis Felipe Noé surge a la luz del arte argentino a fines de la década del cincuenta y a principios de la del sesenta. Aquellos años traían consigo el desparpajo, la experimentación, la libertad de ataduras y nuevas inéditas formas de trabajar. La rebelión contra una estética establecida y contra una solemnidad intrínsecamente argentina era el signo. Comienza la amistad de Noé con Alberto Greco: “No tengo vergüenza de decir que fue uno de los personajes que influyó más fuertemente en mí”. Se acerca a los informalistas, a los futuros integrantes del grupo Nueva Figuración. Todos trabajan con el mismo objetivo. Sólo que, pasado el furor de aquellos años, Noé continuará con espíritu similar. Pero, si creemos que una conciencia creadora se forja en la niñez de un artista, así lo fue también para Luis Felipe Noé. “Me tocó ser testigo desde que nací, prácticamente, del quiebre de todo un mundo”. Desde chico estuvo acostumbrado a ver cambios en los distintos órdenes consagrados y en todos los niveles que comprende la vida humana. Vivió esto como una verdad que quiso hacer suya y mostrar como su propia apertura al universo. La sucesión de derrumbes vivida desde chico prefiguró lo que luego serían su cosmovisión y su teoría del caos. Al ser testigo de un orden que caía no tenía otra alternativa que la de definirse como un buscador de un mundo a descubrir. Y así cree Noé que debe emplazarse el artista en la vida. Desde aquella temprana época se estableció una estrecha unión entre su conocimiento poético de la realidad, su creación poética a través de la pintura y su función vital. Luis Felipe Noé es su obra pintada a través de casi treinta años, es sus libros escritos, sus autopresentaciones y presentaciones que constituyen una estética propia, es sus ideas y es él mismo. Existe incuestionablemente tras esta polifacética personalidad una inconfundible “actitud Noé”. Su obra se va definiendo a lo largo de sus distintas etapas por lo que ella misma es. “La obra es una huella en el camino”, diría Noé. Su actitud vital, que abarca a la obra misma, es uno de los mayores aportes que el arte argentino ha recibido en las últimas décadas. Y su obra lleva la impronta de sus obstinados esfuerzos por borrar las barreras entre el arte y la vida. Desde el principio de su carrera hizo suya la voluntad de reivindicar lo que verdaderamente el arte es. Más aún, tenía que gritarlo en un país que apenas suele enterarse de las revoluciones artísticas universales. Y, como él mismo ha dicho, casi ningún movimiento del siglo XX deja de estar teñido del espíritu del surrealismo. Él nos lo recuerda y es claro ejemplo de ello. Así se erigió en rebelión contra reglas de cualquier tipo para crear un arte que proclama liberación. Y a medida que va consiguiendo dicha liberación, va fundando lo que serán sus ideas sobre la pintura como lenguaje universal común a todos y practicable por todos. De este modo trabajó para que los habitantes de su país se pronunciaran como pueblo y que en consecuencia sus resultados artísticos fuesen genuinos. Así desde los primeros años de su trayectoria prefirió renunciar a constatar su yo subjetivo para ir tras un movimiento: la Nueva Figuración que finalmente tuvo cuatro integrantes (Romulo Macció, Ernesto Deira, Jorge de la Vega y Luis Felipe Noé), pero que hubiese podido congregar a todos los discípulos en una renovación en tal sentido. Su obra, expresionista a su manera, creció estructuralmente, hasta el punto de hacerse inabarcable. Pero como se trataba no de doctrinas, sino del ejercicio concreto de la libertad en la práctica del arte, fue hasta las últimas consecuencias. De realizar una obra de características casi extrapictóricas tuvo que dejar la pintura o, como a menudo él mismo dice, fue la pintura quien lo abandonó. Esto fue a fines de 1965. Pero esta decisión que divide en dos la trayectoria de Noé significaba ponerse en un cuerpo a cuerpo con lo real. Intentaba, entonces, dar al mundo respuestas contundentes que, en apariencia, la pintura no podía otorgar. No dejó de pensar un solo momento en el problema del arte. Consideraba que lo importante en todo hecho artístico verdadero eran la revelación y la transformación. Si estas no eran dadas por la pintura, ambas debían ser buscadas en otros terrenos. En esa época había otros que también habían dejado su quehacer artístico. Sucedía que en otros lugares del mundo este hecho podía tener otros significados, pero aquí se trataba no sólo de la búsqueda de un arte nuevo, sino de un hombre nuevo. Fueron años de reflexión, de proyectos, de muchos intentos. Se lo podría haber tildado de falto de realidad. Sin embargo, aquí aquella frase del poeta Jorge Calvetti de 1960 resulta muy ajustada: “Noé es un realista del mundo como no es”. Su postura lo hubiera debido llevar a la transformación no sólo del medio artístico, sino de la sociedad toda. De a poco preparó el campo del regreso a la pintura, la que retornó hacia 1974-75. En su intimidad, entre sus múltiples actividades, pensó sólo en la pintura y reprocesó todo su lenguaje. Fue al encuentro de sus elementos constitutivos: la línea, el espacio, el color. Se reencontró con el plano. Noé, después de nueve años de intervalo, llegó a una nueva concepción de la obra. Una vez dueño de la libertad, descubrió que el plano podía expresar todo lo deseable en tanto él lo hiciera posible. Y así investigó de manera extrema todas sus posibilidades. Desde hace ya doce años mantiene un diálogo fluido con el plano con una mayor y creciente asunción de la libertad que le ha posibilitado concebir a la pintura como un lenguaje abierto. Está dedicado a lo que él llama “mi juego preferido”: el de acercarse con la pintura al juego caótico de la vida. Así, cada año, cada nueva exposición traen consigo la acumulación de lo vivido reprocesado por lo pintado. Vive hoy, y pinta, despojado ya del signo de la angustia con la tranquilidad de poseer el lenguaje, la pintura, con el cual en conjunción con la vida logra la revelación.



Mercedes Casanegra. "Prólogo a Luis Felipe Noé. Pinturas 1986-1987", Buenos Aires, Ruth Benzacar Galería de Arte, 2000