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Texto de presentación para el Premio Internacional de Pintura del Instituto Torcuato Di Tella

Otro gran acontecimiento de 1963 fue el Premio Instituto Torcuato Di Tella. Este ya había tenido lugar en los tres años anteriores en el Museo Nacional de Bellas Artes por decisión de Romero Brest, que era, además, director del Centro de Artes Visuales del instituto. Así inició una actitud insólita en el Bellas Artes: exponer nuevas manifestaciones artísticas. […]

El concurso de 1963 tenía dos particularidades: se hacía en el nuevo edificio del instituto, en la calle Florida entre Marcelo T. de Alvear y Paraguay, y además se había desdoblado en Premio Nacional (como lo había sido hasta ese momento) e Internacional, al que fueron invitados, además de conocidos artistas extranjeros, los ganadores de los premios anteriores. Como el jurado –compuesto por Jacques Lassaigne, William Sandberg y Romero Brest– decidió otorgar a Macció el Premio Internacional y a mí el Premio Nacional, la alegría fue inmensa, aun cuando yo sentía que sólo dos recibíamos reconocimiento por algo que habíamos cimentado cuatro.

Introducción a la esperanza fue la obra escogida como Premio Adquisición, dentro del conjunto que yo había enviado. Luego, al disolverse el Instituto Di Tella esta obra pasó al Museo Nacional de Bellas Artes.

Relato de Luis Felipe Noé incluido en el libro "Mi viaje-Cuaderno de bitácora" (2014).


[...] Ver cuadros míos de hace unos años me da la misma sensación que ver una foto de mi infancia. Soy yo, lo reconozco porque lo recuerdo, pero estoy siendo de otro modo. No creo en los artistas que expresan su mundo sino en los que son compelidos por este a indagar, porque el artista no es de una determinada manera, y luego expresa cómo es, sino que va siendo a través de su relación con su obra.

Esta creencia está atada íntimamente al sentido de mi búsqueda, ya que me di cuenta de ella cuando tomé conciencia de que quería lograr una imagen de lo que es a través de su vitalidad, de lo que va siendo en su relación con lo que lo circunda. Así supe que aspiraba a una nueva figuración [...]

Pensando en la nueva figuración cuando iba hacia Europa, llegué a la conclusión de que hasta el momento ella había aspirado a dar una imagen de la relación solamente por fusión, pero que si hay una nota sobresaliente de la relación contemporánea es que esta se da por oposición o tensión.

Esto me hizo trabajar mucho en tal sentido. Así tomé conciencia de que aspirar a ello era contraponer dentro de la unidad del cuadro dos o más unidades en sí mismas, hacer convivir atmósferas opuestas. Se trataba de romper la unidad tradicional dada por la atmósfera (característica principal de mi pintura hasta ese momento, ya que la atmósfera prevalecía sobre los personajes), pero no ignorando su existencia yéndose al plano, sino aceptándola como fundamento de un clima vital que es la mejor característica de la pintura de toda época.

Romper la unidad por atmósfera significa prácticamente buscar una unidad por oposición o tensión en los ojos del espectador al recibir estos estímulos contrapuestos que, al mismo tiempo, están conviviendo entre sí. Asimismo me di cuenta que un elemento fundamental de esa contraposición debía ser la atonalidad del cuadro. Esto equivalía a buscar por el lado inverso del cubismo. Si este había logrado destruir la unidad real apoyándose en una unidad virtual, la atmósfera, se trataba ahora de destruir a esta en busca de una nueva imagen de la realidad, la del hombre conviviendo en busca de un realismo subjetivo [...]

Volví a la Argentina para contribuir a la formación de una expresión nacional por medio de una imagen viva resultante de un proceso de invención nacido de exigencias interiores. Es hora de elaborar nuestras propias vanguardias. Si bien creo en el camino en que estoy, creo, aún más, en el espíritu con que estoy en ese camino. Creo en la creación, no en las corrientes.

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