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TESTIMONIO: Luis Felipe Noé (1959), Galería Witcomb, Buenos Aires

Texto vinculado a la exposición Luis Felipe Noé, 1959

Mi primera exposición, que nació en el contexto del informalismo aunque al margen de él, quedó, sin embargo, encuadrada dentro de su lógica. Aunque yo ya estaba estructurando las manchas con alusiones figurativas, hay quienes señalan que comencé como informalista. Lo cierto es que las primeras muestras informalistas me invitaron a soltarme en la pintura. Me di cuenta de que, por una parte, se podía tener una actitud hacia ella que no fuera únicamente acariciar los materiales con el pincel y que, por otra, no era forzoso partir del dibujo. . Me acordé de que cuando niño me entretenía con la mancha de los mármoles. Ignoraba –cosa que supe después– que ese mismo año en el mes de mayo el MoMA de Nueva York había llevado a cabo una exposición titulada New Images of Man organizada por Peter Selz. 3 Respecto de las obras que, en ese sentido, se realizaban en otros lugares mi información no estaba actualizada; las revistas artísticas llegaban con retraso (por barco), las técnicas de reproducción dejaban mucho que desear y, por supuesto, no existía Internet. Por otra parte, siempre sentí cierta alergia a la referencia informativa, aunque también siempre supe que el artista depende de dos condicionamientos, a veces no bien avenidos entre ellos: tiempo y lugar. En la época de mi temprano ejercicio crítico ya manifestaba este convencimiento (o, mejor dicho, angustia) de estar tironeado por esas dos condiciones. Lo importante es que en la inauguración de mi primera muestra –además de la anécdota con Butler que ya conté y que significó darme confianza como pintor– se inició mi amistad con tres pintores que se me acercaron: Alberto Greco, Jorge de la Vega y Rómulo Macció. Por esto la historia de la Otra Figuración, nacida oficialmente en 1961, debe contarse, sin embargo, desde que comienza a conformarse, en 1959. Macció –sobre quien yo había escrito tres años atrás una nota crítica, como ya dije– había hecho poco antes una importante exposición en la misma Galería Witcomb. A Jorge de la Vega lo conocía desde mis quince y sus dieciocho años. Había sido compañero de estudios de mi hermana desde el ingreso en la Facultad de Arquitectura (cuando iba a estudiar a mi casa me mandaba a comprar cigarrillos). En esa época yo lo admiraba porque ya exponía en salones. En la inauguración de mi primera muestra Jorge me dijo: “Hay algo en esta pintura que me interesa. Yo estoy haciendo una geometría que me cansó. Me gustaría que habláramos”.
Prologada por mi amigo Federico González Frías en forma escueta, casi telegráfica –como era su estilo de escritor–, la exposición, por cierto, fue bien recibida tanto por mis colegas jóvenes como por mis mayores. Recuerdo los comentarios críticos de Mujica Lainez y Parpagnoli. El primero hablaba de “notable conjunto” y de que la gama baja confería “un singular dramatismo”. El segundo supo encuadrar mi obra.



Luis Felipe Noé. "TESTIMONIO: Luis Felipe Noé (1959), Galería Witcomb, Buenos Aires", en Mi viaje: cuaderno de bitácora, Buenos Aires, El Ateneo, 2015