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NOÉ SIGLO XXI

La exposición reunió un conjunto de obras producidas por Luis Felipe Noé en las primeras décadas del SIGLO XXI. La exhibición, escribe el curador Rodrigo Alonso, "está dedicada al trabajo de los últimos años; por fuerza, el menos estudiado de su carrera. Una rápida mirada es suficiente para verificar que entre esas obras famosas de la Serie Federal (1961) o las realizadas en el contexto de la Nueva Figuración (1961-1965), y las actuales, ha habido un desarrollo formal y conceptual tan sustancial que se hace necesario repensar la totalidad de su labor. Aunque ésta vuelve cada tanto a mirar hacia los orígenes, e incluso cuando muchas de las preocupaciones que la animan no han mutado demasiado a lo largo del tiempo, lo cierto es que no es posible abordar su producción actual si no se la piensa desde el contexto que le corresponde, que es el del momento, la cultura, el mundo y el país en los cuales vivimos hoy".


NOÉ SIGLO XXI

La obra de Luis Felipe Noé ha atravesado cinco décadas con una vitalidad sorprendente. Desde su primera aparición a finales de los cincuenta hasta la actualidad, sus temas han cambiado, sus materiales han cambiado, sus resoluciones formales han cambiado, pero no ha dejado de sumar su voz a la arena polifónica del arte argentino. Bien por el contrario, Noé ha sido y sigue siendo un protagonista en este terreno. Sus pinturas, sus escritos, su labor docente, su mirada curatorial, su presencia permanente en las exposiciones, lo ha vuelto una figura insoslayable. [...]

En los comienzos mismos del siglo veintiuno, Luis Felipe Noé presenta una obra audaz en el marco de la I Bienal Internacional de Arte de Buenos Aires, organizada por Jorge Glusberg en el Museo Nacional de Bellas Artes. Reflexiones con texto y fuera de contexto (2000) es una instalación de gran formato, compuesta por numerosos bastidores pintados en colores vibrantes, atados entre sí, formando una estructura tridimensional en el espacio, y telas también pintadas pero que se desentienden de los soportes que deberían contenerlas. El conjunto se completa con textos, una paleta de pintor, una de las superficies metálicas espejadas con las que Noé realizó investigaciones ópticas en los años sesenta, algunos de sus personajes habituales y otras referencias a su producción anterior. El resultado es una pieza compleja, dislocada, reflexiva, que juega con los límites de la práctica pictórica pero sin abandonarla. De hecho, podría decirse que esto la separa de otras instalaciones similares que el artista realiza hacia mediados de los sesenta, como Introducción al desmadre (1964), que prologan la etapa en la cual Noé abandona momentáneamente la pintura. Si en aquel momento la desestructuración del cuadro es el resultado de una crisis, el desplazamiento hacia sus límites es hoy, aunque parezca paradójico, una afirmación de sus posibilidades.

Reflexiones con texto y fuera de contexto es una obra-bisagra que cabalga entre dos milenios, pero también es una suerte de obra-trampolín que otorga un nuevo impulso a la producción del artista. En los años siguientes, se multiplican las telas, las meditaciones sobre la práctica artística, el placer de pintar. En unas conversaciones con Horario Zabala, Noé se declara pintor y además optimista: “en tiempos de escepticismo y desconcierto, veo, sin embargo, con relativo optimismo el futuro artístico. Y este nace – paradójicamente – de las propias dificultades. Por una parte, sobrecarga de estímulos visuales, de desafíos tecnológicos, de crisis de la función simbólica en un mundo plurivalente y multisígnico, con un striptease finalizado y todas las ropas culturales que adornaron el pasado tiradas por el piso. Por otra parte, cada vez más gente que reclama su lugar en el mundo del arte, con cantidades enormes de productores como consecuencia de una democratización de los lenguajes que desafían todos los sistemas institucionales de la cultura artística [...] ¿Cómo no ser optimista si se trata de sobreabundancia de posibilidades humanas y de desafíos, pero también, de potencialidades y caminos abiertos?”

Sin embargo, el siglo comienza para la Argentina con una de las crisis más importantes de toda su historia. Y para un pintor tan imbricado en la realidad nacional como Luis Felipe Noé, la situación no podía pasar inadvertida. En medio de los conflictos produce Argentina 2001. Estado de zozobra (2001), una tela poblada por personajes meditativos, quebrada cromáticamente en un sector superior colorido y uno inferior donde domina el negro. A pesar del quiebre, no hay aquí ni el contraste ni el vértigo de otras obras; hay más bien una especie de serenidad expectante, una energía aplacada. En ¿Hasta cuándo? (2002), unos rojos intensos generan una espacialidad vibrante pero el énfasis recae en un conjunto de rostros que se desprenden de ella. [...]

Con C.A.O.S. Sociedad Anónima (2003) reaparece un tema central y recurrente en la obra de Luis Felipe Noé; un tema que lo acompaña desde los años sesenta, cuando propone que el artista debe “asumir el caos” si quiere abordar la complejidad de las sociedades contemporáneas. “Estamos en una sociedad carente de orden pero nostálgica de él – sostiene desde las páginas de Antiestética (1965) –. Sin embargo, se puede hablar de ella como un todo orgánico. Orden y orgánico ya no son términos equivalentes como siempre lo fueron. La sociedad actual es un organismo societario carente de un orden, de un orden de acuerdo a nuestra idea anterior de orden. Lo único que tiene como real es el caos […] El caos, el desorden, es en realidad un orden que no entendemos. Es un orden haciéndose, un orden abierto. De eso justamente se trata al hablar de asumir el caos. Es entender una idea de unidad y una idea de orden que no es la idea de unidad ni la idea de orden que tenemos". Pero con el título de esta nueva obra pareciera referirse a un caos institucionalizado, corporativo, estructural, y no ya a ese espacio de posibilidades abiertas que permitía vislumbrar una forma diferente de organicidad social. [...] 

En los años siguientes, el artista continúa explorando esta dirección estética. En un texto inédito fechado en 2007, expresa sus intenciones con estas palabras: “Las características de esta etapa son: nuevamente la referencia al plano como soporte de la obra, la orquestación abstracta de ésta, más allá de múltiples referencias figurativas, y la valoración de la relación entre la línea y el color para determinar un ritmo envolvente. Estoy interesado en superar el límite entre dibujo y pintura”. Y agrega: “El supuesto de base de la obra puede ser papel, tela, madera o también una impresión digital. El concepto de pintura creo que debe entenderse en el mundo actual como el arte de la imagen (en tanto cosmovisión del mundo) más allá del método que se utilice para lograrla. Pero mi forma de entenderme con ella sigue siendo manual. Esto lo digo porque, tal vez, una constante preocupación que me acompaña en mi viaje es el límite de la pintura como medio idóneo para reflejar el mundo de hoy, o sea, el de lograr una imago mundi actual. Creo que así como el arte digital no refleja de por sí al mundo en red, la pintura-pintura tampoco está condenada a no poder lograrlo”. [...]

El homenaje que le realiza la feria arteBA 2014 se convierte en la ocasión para presentar en sociedad la instalación Oxímoron (2014), un trabajo conformado por formas fragmentarias y figuras superpuestas en una disposición muy diferente a la de sus instalaciones previas. Aquí ya no hay conflicto con el medio pictórico y sus elementos, sino una investigación sobre el espacio, las imágenes, el color y las forma desplegados en la tridimensión. El proyecto se continúa en otro mucho más ambicioso (Coherente oxímoron, 2014), de dimensiones arquitecturales, vasto y complejo, que se presentará en las salas de la Colección Fortabat por primera vez, y que constituye la declaración plástica más reciente de un artista único, incansable y vital.



Alonso, Rodrigo. "NOÉ SIGLO XXI", Buenos Aires, Colección Amalia Lacroze de Fortabat, 2014

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