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El pintor como escritor

(...) Teórico, provocador, crítico de arte, prologuista, narrador, pensador; el pintor se cruza, relaciona y dialoga con sus otros –y contradictorios– yo. “Me siento como un ómnibus lleno de gente que se pelea entre sí”, apunta en el epílogo de Cuaderno de Bitácora. [1]

El libro-manifiesto que funda el nacimiento del Noé pintor como escritor es Antiestética. Publicado en 1965, a seis años de su primera muestra individual y a poco menos de su involucramiento en el movimiento Nueva Figuración, [2] comienza con una irónica presentación: “Forzosamente me equivoco al escribir este libro. Me equivoco porque hablo de cuestiones abstractas y colectivas en relación con una labor concreta e individual; me equivoco porque hablo de una relación de causa y efecto; me equivoco, en definitiva, porque soy pintor y escribo. Por esto, ante todo, pido una disculpa inicial al lector. Este es un libro sobre pintura escrito por un pintor. Y, como se sabe, esto comúnmente no es tolerable”. [3] Noé invoca el equívoco, lo enfrenta, y emprende así una continua reflexión sobre el arte que buscará dar batalla a los propósitos dogmáticos del fenómeno artístico.

La herramienta que definirá su estrategia, tanto pictórica como teórica, es el caos. En el devenir de su pensamiento-acción, Noé ensaya diferentes aproximaciones al problema señalando, sobre todo, la importante tarea de asumirlo en nuestro contexto artístico, histórico y social. Lectura política que, en sus inicios, arriesga construir nuevos valores respecto de una realidad determinada, “porque se trata de un proceso cultural de rechazo de un orden y búsqueda de otro, y es por lo tanto continuo, sinuoso y abierto, donde alternan el azar y la necesidad, la duda y la certeza, el ansia y el prejuicio”. [4] Con el tiempo, caos pasará de ser desorden, confusión, a ser “el orden que deviene, (…) el orden vital”. [5] En el presente, Noé lo ve como “una dinámica –de la que formamos parte– en permanente transformación”. [6] Si el artista es un hombre emplazado en su contexto, como subraya en Antiestética, “en la sociedad actual escéptica de valores y al mismo tiempo sedienta de futuro, ser espejo de ella, revelar su imagen, no es mostrar lo que es, sino lo que está queriendo ser, lo que está destrozando”. [7] Se trata aquí de una lectura crítica sobre el proceso creador que tritura la noción del arte como resultado [8] para centrarse en el arte como búsqueda. Una manera de conocer que tiene la intención de “revelar aquello que nos sobrepasa, aquello que desequilibra la relación del artista con lo circundante, un circundante permanentemente móvil" [9] y que encuentra en el caos una poiesis, un modo de hacer. Al desdeñar el mito de la unidad de la obra [10] en su aspecto formal, y en su función social como garantía de un orden armónico que ya no existe, Noé propone una pintura de estructuración y, por ende, de visión quebrada “que refleje las oposiciones y contrastes de un mundo caótico" [11] y que encuentre en las relaciones de tensión y choque de los elementos, justamente, el “caos como estructura”.

Al defender la teoría como un acto lúcido (“si la creación es fundamentalmente una búsqueda: ¿Qué valdrá más? ¿Un acto repetitivo sobre la tela o la toma de conciencia de lo que se quiere asir?" [12]), Noé es un pintor que piensa y se piensa en un presente continuo. Su discurso crítico, marcado de modo constante por paradojas y por simulacros de discusión del pintor consigo mismo, parece dejar en suspenso todo aquello que obligue a una definición categórica del mundo y de las cosas, para confirmar que “un artista es un discurso móvil en la historia, nunca petrificado”. [13]

“Yo es otro”. Un gesto soberano

Desde sus primeras exposiciones, Noé –que entre 1956 y 1961 ejerció el periodismo y la crítica de arte– [14] escribió varios de sus prólogos. La enunciación de sus intenciones artísticas, dudas y torpezas [15], se construye en base a una forma de comunicatividad que reivindica la dimensión lúdica de las palabras y supera el tono ceremonioso de las presentaciones. El prólogo, género preliminar por excelencia, es travestido de múltiples maneras: entrevistas, cartas manuscritas, frases, preguntas o conectores aislados. [16] “Mi biografía no interesa. Expuse aquí y allá y no expuse allá o aquí. Soy porteño y tengo 32 años y lo que más me importa: Creo en el arte como aventura de la permanente revelación y, por lo tanto, la revelación de la permanente aventura. Me interesa comprobar/ por mí mismo, violándolos, si los tabú en el arte tienen sentido" [17], escribe a mano alzada (tachando, borroneando) en un papel membretado en la parte superior con su firma-sello para la muestra Noé + experiencias colectivas, inspirada en sus desmadres.

Noé desplaza la crónica de su vida para afirmarse, negándose, en su devenir. “No creo en los artistas que expresan su mundo sino en los que son compelidos por ese indagar, porque el artista no es de determinada manera, y luego se expresa, como es, sino que va siendo a través de su relación con su obra”. (...)

El reino de la paradoja

Noé vive la paradoja como el motor activo de su productividad textual. Es un recurso en el que encuentra un principio (“El mero señalamiento enfático de algo es el inicio de su contradicción” [18]) y una estrategia que, entre otras acciones, le permita liberar todo aquello eventualmente anquilosado en el lenguaje instrumental. En el revulsivo año 1968, observando los movimientos de protesta norteamericanos, se pregunta sobre el concepto de Black Power: “¿cómo pueden afirmar su poder, precisamente, aquellos que no lo tienen?”. Y, mediante este cuestionamiento, confirma en la paradoja un valioso instrumento retórico: “Lo había aprendido: lo simbólico no le sigue a lo real, sino que ayuda a construirlo”. [19] No es a través del lenguaje sino en el lenguaje donde se dan, históricamente, las disputas del poder y el saber.

(...) Lo llamativo y singular en Noé es que, desde finales del siglo XX, cuando los manifiestos ya han dejado de ser el caldo de cultivo de los movimientos artísticos, propone que sus textos sostengan ese mismo espíritu combativo; la persistencia de su pensamiento crítico excede deliberadamente los límites conceptuales y teóricos, y apunta a desnaturalizar los discursos dominantes. (...)

Relación pintura/escritura: este es el caso

“La poesía quiere expresar con palabras lo que no pueden decir las palabras" [20]: la sentencia de Aldo Pellegrini alude a desvincular la noción de representación de un sentido unívoco, aquel que nombraría a la cosa u objeto, para liberar la interpretación de toda sospecha de clausura del sentido. En los cuadros de Noé, pintura y escritura, imagen y palabra, se relacionan dialécticamente, [21] del mismo modo que, para él, “representación y abstracción no son categorías opuestas sino complementarias”. [22] Estas relaciones escapan al cierre del sentido en la sintaxis en espiral de su pensamiento visual.

(...) En Ante una difícil situación (2003), incorpora un poema de Aldo Pellegrini, y La difícil comunicación (1989) aporta la contundente peculiaridad de que el texto aparezca escrito sobre el bastidor, como una manera de actualizar una reflexión clave en la filosofía del propio pintor. Para Noé, en la pintura “el aspecto informativo está subordinado a lenguaje artístico, y, por lo tanto, no está atado al concepto básico lingüístico comunicativo de emisor-código común-receptor. Por el contrario, aquí se supone que la información alude a la relación del artista con todo aquello que quiere asir y se le escapa. Esto se supone porque, desde comienzos del siglo XX, la pintura ya no relata otra cosa que la propia aventura creadora. Lo hace a partir del instante en que se ofrece totalmente a los ojos del contemplador. Luego viene el proceso de comunicación en clave y lento”. [23]

Pensamiento en movimiento. Conclusión

“Cuando pienso en el mundo pinto, cuando pienso en la pintura escribo”, dice Noé. Y así como abandonó los pinceles por un tiempo, nunca dejó de escribir. “La obra de Noé es como la esfera de Pascal, ‘cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna’" [24], comenta Eduardo Stupía [25]. De igual modo, sus escritos, que en apariencia rodean los mismos temas, siempre se leen distintos. Renovados, imprevisibles, circulares.

En la introducción al libro Lectura conceptual de una trayectoria, editado para la muestra homónima que realizó junto con Jorge Glusberg en el Centro de Arte y Comunicación (CAYC), Noé explica: “Si bien las obras de un pintor son las huellas de su trayectoria, sus proposiciones fueron la motivación de sus pasos. Quien se detiene para mirar su propio camino transcurrido mientras aún lo está trazando lee –lo que es una subjetividad conceptual– la sucesión de propuestas subjetivas detrás de sus obras como un escritor revisa su relato aún no concluido para saber su desenlace”. [26] La muestra exhibía unas pocas obras y estaba constituida, en su mayor parte, por textos que hacían una lectura de sus propuestas teóricas.

Así, los escritos de Noé son el resultado de un pensamiento en movimiento que fue construyéndose y de-construyéndose a través del tiempo. (...) Mi Viaje y Cuaderno de Bitácora. Testimonio e inventario [27] son los dos últimos grandes libros que Noé publica con la intención de ir en contra de las biografías y, por tal motivo, hacer una compilación y edición personal de experiencias, textos, prólogos, notas de prensa y escritos inéditos, acompañados por un viaje a las obras más significativas de cada período.

Estos acontecimientos, sustanciales en la diagramación de las lecturas sobre su recorrido artístico, atrapan el derecho y el revés, la coherencia incoherente y la sensatez insensata y heterogénea de un pintor que hizo de la escritura un material discursivo análogo a la multiforme discursividad de su pintura.

 

[1] Luis Felipe Noé, Cuaderno de Bitácora. Testimonio e inventario, Buenos Aires, El Ateneo, 2015, p. 608. 

[2] “A pesar de que no nos identificábamos con esa denominación, debía reconocer un hecho real: era el nombre con el que nos conocían”, señala Luis Felipe Noé en Cuaderno de Bitácora. Testimonio e inventario. Ibíd., p. 126.

[3] Luis Felipe Noé, Antiestética, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 2015, p. 23.

[4] Jorge Glusberg y Luis Felipe Noé, Lectura conceptual de una trayectoria, Buenos Aires, Centro de Arte y Comunicación (CAYC), 1993, p. 5.

[5] Luis Felipe Noé, “Eso que llamamos caos (1991)”, Noescritos sobre eso que se llama arte: 1996-2006, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2007, p. 187.

[6] Luis Felipe Noé, El Caos que constituimos. Inédito.

[7] Luis Felipe Noé, Antiestética, op. cit., p. 41.

[8] “El arte es la lucha permanente contra el lugar común”, afirma Luis Felipe Noé. Ibíd., p. 62.

[9] Ibíd., p. 51.

[10] “El concepto de unidad no sólo está referido a un orden mítico. Cada sociedad, cada época, lo ha vivido de una determinada manera. Pero es evidente que desde el comienzo de la apertura de la cosmovisión de la sociedad Occidental el concepto de unidad, de coherencia armoniosa se mantiene cada vez más difícilmente”, señala Luis Felipe Noé. Ibíd., p. 187. 

[11] Ibíd., p. 189.

[12] Ibíd., p. 110.

[13] Rafael Cippolini, Manifiestos argentinos. Políticas de lo visual, 1900-2000, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2011, p. 53.

[14] Sobre el desempeño de Luis Felipe Noé como crítico de arte, véase el ensayo de Roberto Amigo Un chico correcto. Luis Felipe Noe?: crítico de arte en los años cincuenta, Houston, ICAA Documents Project Working Papers. Documents of 20th Century Latin American and Latino Art, Department of Latin American Art at the Museum of Fine Arts, 2007.

[15] Véase “Luis Felipe Noé es un pintor literario cuya única virtud es aprovechar su propia torpeza”. Luis Felipe Noé, Texto de presentación para el Premio Internacional de Pintura del Instituto Torcuato Di Tella (cat. exp.), Buenos Aires, Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella, del 12 de agosto al 8 de septiembre de 1963.

[16] En el prólogo a su muestra Sin embargo, Luis Felipe Noé escribe: “Tal vez, (espacio en blanco) Sin embargo,” (cat. exp.), Buenos Aires, Galeria Rubbers Internacional, 2011.

[17] Luis Felipe Noé, Catálogo en forma de carta Noé + Experiencias colectivas (cat. exp.), Buenos Aires, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, 1965. La muestra estaba integrada por cinco obras realizadas a medias con Roberto Aizemberg, Enrique Barilari, Ernesto Deira, Fernando Maza y Jorge de la Vega, y una obra producida en conjunto con Blanco, Florencio Méndez Casariego, Ricardo Carreira, Miguel Dávila, Deira, Roberto Jacoby, Maza, Newbery, Pérez Celis, Pablo Suárez, De la Vega y Luis Wells.

[18] Luis Felipe Noé, Cuaderno de Bitácora. Testimonio e inventario, op. cit., p. 608.

[19] Ibíd., p. 210.

[20] Aldo Pellegrini, Escrito para nadie (1972-1973), Buenos Aires, Editorial Argonauta, 1989.

[21] En el capítulo “II-4 Interacción pintura-escritura”, Luis Felipe Noé describía: “Así como en las artes visuales ningún elemento es en sí mismo sino en relación a otro (lo que se puede expresar diciendo que una línea no es delgada ni gruesa sino que es otra que la califica como tal), las palabras califican a la pintura y resaltan sus características como otro lenguaje. Por otra parte, la escritura, más allá de su lectura es grafismo. Es un dibujo que representa de otra manera. La dialéctica pintura-escritura es una dialéctica de representaciones”. Jorge Glusberg y Luis Felipe Noé, Lectura conceptual de una trayectoria, op. cit., p. 56.

[22] Luis Felipe Noé, “¿De qué hablamos cuando hablamos de pintura? Hacia una ampliación del concepto de pintura (2004)”, Noescritos sobre eso que se llama arte: 1996-2006, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2007, p. 346.

[23] Luis Felipe Noé, “¿De qué hablamos cuando hablamos de pintura? Hacia una ampliación del concepto de pintura (2004)”, Noescritos sobre eso que se llama arte: 1996-2006, op. cit., p. 386.

[24] Eduardo Stupía, “La esfera de Noé”, en A.A. V.V., Noé Visiones/Revisiones, Sáenz Peña, Universidad Nacional de Tres de Febrero, del 21 de junio al 4 de septiembre de 2012.

[25] Eduardo Stupía fue compañero de Noé en la muestra Me arruinaste el dibujo y en el proyecto “La Línea Piensa”.

[26] Luis Felipe Noé, en Jorge Glusberg y Luis Felipe Noé, Lectura conceptual de una trayectoria, op. cit., p. 17.

[27] El título Cuaderno de Bitácora remite a la nota de Fabián Lebenglik “Luis Felipe Noé. Sobre el papel de los buenos papelones”, en la que escribió: “Toda la serie de microcosmos, rutas y caminos que traza el pintor –comenzando con su firma– tiene un matiz retrospectivo, de cuaderno de bitácora y de mapa de la vida, e intenta una pintura que sea un lugar de reflexión”. Página/12, Buenos Aires, 11 de septiembre de 1990.



Alfonso, Lorena. "El pintor como escritor", en Luis Felipe Noé. Mirada prospectiva, Buenos Aires, Museo Nacional de Bellas Artes, 2017