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Texto vinculado a la exposición El centro de la cuestión, 2023
Para un artista como Luis Felipe Noé observar, actuar, pensar, son verbos que forman parte de una sola acción: vivir. En ese sentido, para un artista la obra es tanto como respirar. El arte es como una flecha que lo atraviesa y que cambia su forma de existir. Del mismo modo para pensar el arte de Noé hay que pensar en el contexto de la ciudad y para pensar una ciudad como Buenos Aires es necesario pensar en su cultura, en la cual está inscripto el arte arte que se produce en ella.
En este contexto podemos decir que la obra de Noé está relacionada con su lugar de origen, el cual se refleja en su trabajo: Luis Felipe Noé es un artista porteño que ha estado atento a las dinámicas sociales, los contrastes de pensamientos y la constante reconfiguración del mundo. Cuando observa las manifestaciones políticas en Buenos Aires, Noé encuentra que a veces las oposiciones entre el discurso y la realidad social están en tensión, otras veces se quiebra, y que de esta dinámica debe dar cuenta el arte. Así nacen sus cuadros fragmentados y escenas múltiples. Como parte de esta producción artística, Noé se dedicó a la reflexión teórica y en 1965 publicó su libro Antiestética, donde manifestó su conciencia sobre el poder de la imagen en la sociedad. Esta dinámica es parte de su “Teoría del caos”. Muy abreviadamente el concepto de caos para Noé es “una dinámica –de la que formamos parte– en permanente transformación” y que se compone de contrastes y fragmentaciones que él observa en el mundo y particularmente en los centros urbanos como su ciudad. Su carrera lo llevó a vivir en otras ciudades: Nueva York (1964-1968) y París (1976-1986) donde siguió produciendo su obra.
La distancia con Buenos Aires lo llevó a pensar su ciudad desde otro punto de vista. Unió Buenos Aires con Latinoamérica, era una visión que otros artistas locales compartían y en Noé esta visión se vuelca en su obra a través del paisaje. Uno de los principales lugares que Noé pinta además de la ciudad es el Tigre al cual define como un “amazonas descendido”. En Francia realiza distintas series donde con paisajes potentes y turbulentos que simbolizan la potencia y urgencia latinoamericana. Esa postura la encontramos en un escrito del año 1966, donde Noé hablá sobre la responsabilidad del artista de América Latina: “El artista crea en relación con su circunstancia y en este sentido su creación es nacional. Pero en nuestro entorno sólo asoman los índices de una subcultura, o sea, de una irrealidad. Estamos en estupendas condiciones para inventar realmente una nueva cultura –si al mismo tiempo se dan los supuestos básicos en otros terrenos, principalmente el político y económico. Desde este punto de vista es que creo importante quedarse. Pero quedarse requiere ante todo una posibilidad, algo que justifique su optimismo. No puede ser tan sólo una resignación.”
La obra Elementos en rebelión (1986) de la colección Fundaciòn Banco Macro recoge esta ambas estéticas, la del paisaje como símbolo de Latinoamérica y la incorporación de elementos en tensión.
En 1987 Noé vuelve a Buenos Aires, que se transforma no en un destino sino en una elección. Es decir, Noé no elige quedarse, elige volver para quedarse y construir desde esa ciudad. A partir de su vuelta a Buenos Aires pasa por periodos figurativos para llegar en este siglo a una obra rica en energía rítmica, cromática y potente.
En la medida que el mundo entra en dinámica de red, Noé lo lee con una maraña de relaciones -sociales, intelectuales y políticas- que deben ser consideradas en la obra. La complejidad compositiva crece en la medida que van pasando los años y el artista llega a una madurez que agudiza los detalles, los contraplanos y la línea vibratoria en consonancia con la materia, las últimas obras de Noé llegan a crear sinfonías de ritmo y color. La exposición El centro de la cuestión reúne una selección de obras de Luis Felipe Noé entre los años 2009 y 2022. En 2023 vemos cómo este planteo estético que él ha llamado teoría del caos y que inició en la década del 60 continúa siendo el centro de la cuestión en la obra del artista. En este recorte temporal vemos cómo la complejidad visual agudiza las ideas de dinamismo y potencia.
La cuestión estética: El cuadro creado en la ciudad
En plena pandemia dedicó una obra a la temática de El caos como estructura (2020), donde observamos diversas espirales descentradas y deconstruidas. Esta es una de las tantas formas que el artista utiliza para mostrarnos múltiples puntos de vista como formas posibles a considerar, tal vez todos válidos y que al alejarnos, podemos verlos como una atractiva teoría de conjuntos. Esta dinámica también la encontramos en Un poco demasiado (2013) donde la expansión es vertical y la obra pareciera crecer sobre la cabeza de su interlocutor visual, casi como una gran ola de color, sobre la cual surfea un extraño personaje.
La fragmentación es otra forma que encuentra Noé para hablar del caos. En el cuadro Interferencias (2009), vemos como el elemento discursivo visual está cortado. El plano está fragmentado e interrumpido por otro elemento geométrico, A su vez, la forma que encuentra de disponer los objetos en el plano (pared) nos muestra una secuencia de piezas que forman un conjunto. En las obras Crac (2011), y Divagaciones (2022) el artista alude a la crisis como tema y lo exhibe tensiones entre los espacios de control manifiestos en la geometría y los espacios de desborde o vacío, del faltante o repliegue. Desde el punto de vista estético vemos cómo el artista utiliza la fragmentación, el vacío y la multiplicidad de escenas para jugar con el espacio.
La ciudad como tema
En la obra Urbano (2012), vemos cómo se evoca la dinámica de la ciudad y se transforma en tema. Las líneas y formas sinuosas características de las obras sobre papel conforman los ejes rítmicos de naturaleza exuberante. Esta derivación puede verse en trabajos del año 2022 donde nos encontramos con una nueva faceta del artista en la cual la incertidumbre se transforma en tema, como en El imprevisto destino (2022) y Más allá... de qué? (2022). También la aceptación en Somos lo que podemos (2018) o la idea de otredad como elemento característico de la vida en la ciudad puede verse en obras como Vivir vidas ajenas (2022).
Conciencia colectiva.
Noé habla de asumir el caos, lo que implica entre otras cosas considerar lo colectivo. En Proyecto de monumento a la humanidad (2014) Noé propone la utopía de una humanidad unida. De cerca la obra ofrece un conjunto de escenas que pueden leerse como un amasijo de figuras y de lejos nos encontramos con una seudo figura avanzando hacia un futuro indefinido.
La obra Aparezco (2022) tiene relación con Dos mil veinte (2020) tela que Noé realizó durante la pandemia. En ambas obras, hay un personaje que conquista la escena desde una dinámica que resulta más serena, a la vez que dinámica de la composición. Pone al individuo como centro y como parte de la escena-escenario-límite. En Cuestión de límites (2022) el artista aleja el foco, decide reducir la paleta y poner el acento en el movimiento proponiendo una composición interna con límites flexibles. Aquí el foco se aleja tanto que reconocemos solamente el ritmo de la abstracción, los personajes están ausentes y librados a la imaginación del interlocutor visual.
En la obra Lo dejo a tu criterio (2016) el artista vuelve a poner al espectador como protagonista y es una clara referencia de cómo el artista incluye el humor como parte de su aparente rigurosidad teórica. A través de los títulos de las obras, Noé nos invita a una mirada cómplice y optimista por medio del humor.