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Conversación jeroglífica

Diálogo entre el crítico de arte Carlos Espartaco y Luis Felipe Noé

CE: ¿Qué relación encontrás entre el jeroglífico encarado como género artístico dentro de la historia del arte?, y ¿cuál es la repercusión de la idea de jeroglífico en tus obras sobre los Jeroglíficos de las cavernas de Buenos Aires?

LFN: “Jeroglífico” para mí es todo aquello que no está descifrado, que no está entendido, mi viejo tema del caos. Asumir el caos es ir entendiendo y descifrando jeroglíficos. Creo, y siempre he creído, que un artista está en relación con su entorno y en cierto modo va descifrando jeroglíficos a través de una forma de entendimiento particular que varía según los distintos lenguajes artísticos. Porque todo lenguaje lleva implícito un pensamiento, y este se canaliza a través de formas lingüísticas diferentes. Una de ellas es el lenguaje de las palabras. A mí me interesa particularmente la capacidad que tiene el lenguaje pictórico de pensar el mundo a través de la visión. En la medida en que es un lenguaje de la visión del mundo está al borde de lo filosófico, porque toca el punto de la cosmovisión. Utilizo el concepto de jeroglífico como una forma de aludir a la necesidad de desentrañar una cantidad de signos que nos hablan de una manera plurivalente y que están en nuestro entorno. Por eso me interesó, como mi entorno es el de Buenos Aires, la idea de Jeroglíficos de las cavernas de Buenos Aires, pensando a Buenos Aires como a una gran caverna. [...]

CE: [...] Podemos pasar directamente a lo específico de la problemática que te lleva al desentrañamiento de los jeroglíficos de las cavernas de Buenos Aires. ¿Cómo te sentís en tu lugar de observador, como pintor urbano frente a este descubrimiento o redescubrimiento?

LFN: Creo que la pintura ha vuelto a ser discursiva. En el striptease de la pintura, que comenzó con el romanticismo y que terminó con el arte conceptual, ella se quitó las vestimentas con las que se fue cubriendo durante un proceso que va desde el trecento italiano hasta el neoclasicismo. En el proceso del striptease que está marcado por una cantidad de movimientos artísticos, se analizó la estructura lingüística de la pintura, de tal manera que el discurso se dejó casi de lado.

En la actualidad, creo, después del striptease de la pintura, hay que asumir que su desnudez la pone en evidencia como otro lenguaje más, con posibilidades discursivas distintas a las literarias. Utilizo las distintas experiencias pictóricas en función de mis necesidades discursivas. Pero si a veces coloco textos en los cuadros es para hacer un contrapunto lingüístico. 

Mi discurso consiste en la actualidad en tratar de entender dos cosas al mismo tiempo: el entorno pictórico y a mí mismo como elemento de mi propio entorno, o sea mi pasado pictórico. Ahora he llegado a un punto donde miro el camino transcurrido desde una perspectiva global. Estoy trabajando con toda mi experiencia pictórica. Hay elementos de mis sesenta, de mis setenta y de mis ochenta. Esta síntesis es lo que me interesa particularmente en este momento. [...] 

Concretamente, hablando de esta exposición, te diría que me fui adentrando en ella. Estuve en el Paraguay y había visto unas paredes (naturales, en los cerros) con jeroglíficos y empecé a pensar mi realidad con esa propuesta jeroglífica. No me interesa el sentido sígnico del jeroglífico, sino el misterio detrás. Entonces me vino la idea de los Jeroglíficos de las cavernas de Buenos Aires. Comencé con unos dibujos. Después, al volver, hice un primer cuadro que tiene que ver con mis obras ecológico-paisajistas. Yo digo que es un Jeroglífico paraguayo encontrado en Buenos Aires y lo llamé Ladra el ladrón ladrado, tal vez porque sale de la misma imagen de un ladrón que roba una gallina. Luego, con el Jeroglífico del Delta, entendí el espíritu de la serie. Después comenzaron entonces a salir otros cuadros. Poco a poco me fui metiendo en los temas más concretos como la reserva ecológica, que para mí es un verdadero jeroglífico. 

CE: Ese ojo y ese espíritu, de los que hablaba Merleau-Ponty, tan puestos en acto en función de la ciudad, también refuerzan algo que vos me dijiste anteriormente, eso que está tan en boga actualmente, respecto de la caída de la representación y el refuerzo de la representación; es decir que, desde mi punto de vista, vos harías algo así como representar lo representado o, en términos más metafísicos, desocultar lo que está profundamente enterrado, que también es un grado de la riqueza. Ese atesoramiento es una subyacencia de la ciudad también que se expresa a través de sus signos, ¿no te parece?

LFN: La definición de arte que más me gusta, y que repito mucho, es la de Coleridge: “El fenómeno llamado arte trata de convertir lo interior en exterior y lo exterior en interior, el pensamiento en naturaleza y la naturaleza en pensamiento”. Ahí viene el punto de revelación, el punto de desocultar lo oculto, pero al mismo tiempo cuando uno desoculta lo oculto uno también oculta lo evidente, porque lo evidente no nos permite entender lo oculto, entonces hay que ocultarlo para darle lugar a lo otro.

Volviendo a la serie, estuve en Tucumán y, pensando en la serie, vi su paisaje deslumbrante como un jeroglífico. Entonces Tucumán se me convirtió en Buenos Aires, algo así como un tucumano que cae a esta ciudad.

CE: Es como federalizar los jeroglíficos.

LFN: Por eso a partir de la clave paraguaya comencé a entender la clave con el interior.

CE: Esto disemina más esa caracterización de lo porteño exclusivamente. Habría también una competencia jeroglífica.

LFN: En la medida en que Buenos Aires monopoliza al país, el país está latente en Buenos Aires.

CE: Es algo así como saber lo que pasa en ese jeroglífico total que es la Argentina.

LFN: Evidentemente. En ese sentido, creo que también trato de responder con mi proposición a dos actitudes. A la que privilegia la información de lo que pasa en el mundo artístico internacional, y a la que propicia remontarnos a las raíces precolombinas, como una forma de ir hacia lo nuestro. Siempre he creído que lo nuestro está aquí al lado, en medio de toda esta confusión. Lo fundamentalmente nuestro es asumir nuestro caos y nuestros jeroglíficos. Lo que llamaba “caos” en el año sesenta, ahora lo llamo “jeroglífico”. Y creo que no es necesario ir a los signos precolombinos. No discuto a los que apelan a ellos en sus planteamientos, pero creo que para ir a lo nuestro hay que ir a nuestro contexto.

CE: Ahí está tu mérito, en indagar en eso que está oculto. Vuelvo a insistir en esto del ocultamiento porque desocultarlo puede ser una referencia no sólo en sí mismo, sino un volver al propio lenguaje de la pintura, y retornarnos así al comienzo. Pensar que en tu antiguo libro Antiestética,  planteabas esta atmósfera caótica, de la  que en esos momentos no nos dábamos cuenta, y  hoy están más que presentes  el problema de la caoticidad en el arte, y sobre todo la caoticidad en nuestro arte argentino. 

LFN: Nosotros no tenemos más remedio que asumir el caos. Los europeos pueden quintaesenciarlo y jugar al nihilismo, nosotros no porque se nos ha caído la estantería sobre la cabeza. Y hay que entender qué es lo que se nos ha caído en la cabeza.

CE: Un olvido que es la recuperación de la memoria; de alguna forma lo ancestral nuestro difiere de lo ancestral de otras culturas. Entonces sería bueno que te pronunciases sobre los jeroglíficos de esas cavernas que están en el sujeto porteño, ¿qué te parece?

LFN: Creo que lo mejor de la literatura y del arte argentino tiene como elemento común la conciencia de estos jeroglíficos. Roberto Arlt, Borges, por ejemplo. Borges es argentinísimo, únicamente podía haber surgido en Buenos Aires, a pesar de su aparente internacionalidad. Xul Solar está jugando permanentemente con la banderita argentina en medio de sus composiciones jeroglíficas.

Otro ejemplo es Molina Campos desentrañando el misterio pampeano. Pero no siempre es necesario el tema. Hay una forma de ver el mundo que parte de la convivencia con esos jeroglíficos. El tema metafísico porteño fluye en Macedonio Fernández, como fluye también en Jorge de la Vega y en Deira. También a pesar de haber vivido mucho tiempo en Europa, el porteñismo lo llevaba encima Alberto Greco. Como escribí en el Jeroglífico tucumano encontrado en Buenos Aires: Adonde vayas, te irás con tu origen. [...] 



Noé, Luis Felipe; Espartaco, Carlos. "Conversación jeroglífica", en Noé. Jeroglíficos de las cavernas de Buenos Aires, Buenos Aires, Galería Klemm Arte Contemporáneo, 1992