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El arte entre la tecnología y la rebelión

[...] Ensayamos una consideración del arte bajo las siguientes premisas: primero, el arte se encuentra fuera de lo que tradicionalmente fue su lugar y, segundo, la cultura artística literaria –como manifestación más obvia y tradicional de la cultura de élite– está condenada a muerte.

El tema ya ha sido claramente definido –aunque no analizado– por personas bien diferentes entre sí. Recopilo a continuación algunas sentencias como una forma de precisar el asunto en cuestión y dar del mismo el panorama más amplio posible:

Marshall Mc Luhan: “El medio, o el proceso de nuestro tiempo –la tecnología eléctrica– reforma y reestructura los modelos de la interdependencia social y cada aspecto de nuestra vida personal. Nos fuerza a reconocer y revaluar prácticamente cada pensamiento, cada acción, cada institución formalmente dadas por sentadas.”

Herbert Marcuse: “El desarrollo de la realidad tecnológica socava no solamente las formas tradicionales sino también las verdaderas bases de la alineación artística. Esto es, tiende a invalidar no solamente ciertos estilos sino la verdadera substancia del arte.”

Octavio Paz: “Se acabó la contemplación estética porque la estética se disuelve en la vida social.”

Julio Le Parc: “El interés no reside de hoy en adelante en la obra de arte (con sus cualidades de expresión, de contenido, etcétera) sino en la impugnación del sistema cultural. Lo que cuenta no es más el arte, es la actitud del artista.”

Plásticos de Vanguardia de la Comisión de Acción Artística de la CGT de los Argentinos: “Arte es todo lo que moviliza y agita. Arte es lo que niega radicalmente este modo de vida y dice: ‘hagamos algo para cambiarlo’.”

Marshall Mc Luhan: “Nos damos cuenta ahora de la posibilidad de arreglar el entorno humano como una obra de arte, como una máquina diseñada para maximizar la percepción y hacer del aprendizaje de cada día un proceso de descubrimiento.”

Abby Hoffman (líderyippie, esto es: hippie con conciencia política): “Yo estoy relacionado a la rebelión como a una obra de arte.”

Graffitis franceses durante la rebelión de mayo de 1968: “El arte ha muerto: liberemos nuestra vida cotidiana”. “La cultura es la inversión de la vida”. “El arte es mierda”. “La poesía está en las calles”. “La imaginación al poder”.

Herbert Marcuse: “En la sociedad de abundancia el arte constituye un fenómeno interesante. Por un lado rechaza a la sociedad establecida; por el otro, se ofrece y es vendido en el mercado. No hay un solo estilo artístico, por más vanguardia que sea, que no se venda. Esto quiere decir que la función del arte es, por lo menos, problemática. Se ha hablado del fin del arte y existe verdaderamente entre los artistas el sentimiento de que el arte, en la actualidad, no tiene ninguna función. Abundan los museos, los conciertos, los cuadros en los salones de los ricos, pero el arte carece de función. Ahora bien, quiere transformarse en una parte esencial de la realidad, cambiar la realidad: miren los grafitis, por ejemplo. Quizá sea para mí el aspecto más interesante de la revolución de Mayo, la unión de Marx y André Breton. La imaginación en el poder, eso sí es revolucionario. Es nuevo y revolucionario tratar de traducir a la realidad las ideas y los valores más avanzados de la imaginación. Eso prueba que se ha aprendido algo importante: La verdad no está solamente en la racionalidad, sino también –y quizás mejor– en la imaginación”.

Del total de estas frases podemos señalar a primera vista cuatro aspectos:

1. Todas coinciden en lo fundamental, aunque no en el uso de la palabra arte. Se lo considera desde “una mierda” hasta “todo lo que moviliza y agita”. Al cambio o a la rebelión, por otra parte, se los coloca al nivel de la obra de arte.

No se trata de discrepancias. Las diferencias sólo residen en el uso de la palabra “arte”, según se lo asocie a su vieja función o a una que –sin ser nueva– es ejercida en forma nueva: la de ser revelador de una nueva situación en el seno mismo de la sociedad.

La cuestión oscila entre un arte para minorías (aun cuando los beneficiarios puedan ser mayorías consumidoras de un arte que no cuestiona la sociedad establecida o que lo hace de una manera retórica y marginada) y un arte que trata de transformarse en una dinámica de cambio de la realidad –definición esta en la que todos los autores de las sentencias coinciden–.

2. Todas parten del supuesto de que ha ocurrido un cambio fundamental en la sociedad que hace replantear el concepto de arte y, por otra parte conciben –expresa o tácitamente- un cambio por hacer. Cambio en el cual el arte tendría una función participativa. El cambio supuesto es tecnológico. El cambio por hacer es político. Ambos son sociales. El arte entre la tecnología y la rebelión.

3. Todas tienen en común la ausencia de una distinción, muy usual hasta ahora pero tendiente a desaparecer. En ninguna de ellas se hace el distingo entre la producción artística y la militancia política, ni siquiera para señalar que la primera debe reflejar a la segunda. Lisa y llanamente ubican al arte como la conciencia de militancia creadora en el cambio social. El arte se separa de la concreción en objetos y se disuelve en la vida social. Lo cual no quiere decir que los objetos no puedan ser interpretados como signos de esa acción directa en la realidad.

4. La conciencia de cambio se adelanta a la obra misma del artista. Esto es palpable en la imposibilidad de ejemplificar las sentencias de Octavio Paz y de Julio Le Parc con sus respectivas obras. Ello indica más la fluidez del cambio actual que vivimos que una contradicción entre la conciencia artística y la obra plasmada. Esta contradicción no reside en los autores sino en la realidad a la que pertenecen. En esta realidad el artista se halla condicionado a una determinada función y es su conciencia creadora la que lo conduce a otras conclusiones.

Todo el espíritu del ´68, que duró varios años, y que terminó –ya no en Europa y Estados Unidos, o en todo caso, allí en mínima escala- en nuestro continente, pagándose muy caro, estaba planteado como una novela de aventuras. Así en otro texto había escrito “el Arte de América Latina es la revolución”. La idea subyacente era: ¿Acaso el arte no es la revelación? ¿Cómo se revela una cultura sometida? ¿Revela o rebela? Para el caso era lo mismo.

Entre tanto no se pasó al arte en la rebelión sino al arte sin rebelión. Y aquí se comenzó hablar de posmodernismo. Habían sucedido cosas: muchos muertos (llamados en su mayoría desparecidos) por aquí y el derrumbe del muro de Berlín que fue el derrumbe del segundo mundo. Todo se redujo a un primer mundo y a un neoliberalismo que significaba el viejo capitalismo dueño del mundo entero o sea el capitalismo globalizado. La aldea global de la que hablaba Mc Luhan no es otra que la ciudad imperial poniendo su ley hasta la más mínima aldea africana y latinoamericana. Lo que se llama globalización. Es cierto que un muerto de hambre puede contemplar paradójicamente la televisión con mensajes del primer mundo. Y Mc Luhan hablaba de arreglar el entorno humano como una obra de arte”. Pero, ¿acaso en ese entonces hasta Octavio Paz no decía que se acabó “la contemplación estética porque la estética se disuelve en la vida social”? ¿No eran tiempos acaso que se hablaba de “tiempo libre” y de “tiempo juego” como resultados de la revolución tecnológica y no de desocupación?

El escepticismo del posmodernismo en realidad no es un escepticismo sobre la modernidad ni sobre el espíritu de cambio (como siempre fue el concepto de modernidad desde su primera manifestación renacentista) sino es un desengaño sobre el espíritu del ´68, o sea, la manifestación de una crítica a la modernidad del siglo XX. Así se dio un pretendido posmodernismo a-crítico; simplemente descreído de todo.¿El espíritu del ´68 no tenía razón en su crítica? Sí, pero esto no le daba derecho a falsas ilusiones ni mucho menos a creer que la conciencia crítica triunfa porque simplemente se manifiesta, supuesto común en los intelectuales y artistas. Acostumbrados éstos a que su plano de realidad es el plano de la conciencia. Suelen creer que el tener razón significa que se debe concluir que ella ya configura o va configurar una nueva realidad.

[Publicado con el título “La cultura artística condenada a muerte”]